El Pantanal
La selva termina en el Pantanal matogrosense, un lugar que por
eso mismo, goza de lo indefinible. Nosotros ahí, abriendo
los ojos para llorar con el viento. Todo como un pueblo fronterizo
entre Victoria Regias y especies de cactus, que hacen sus ajustes
de divisa y conviven en este limbo ecológico.
El equipo de tierra de la Expedición Natibo, ya había
incursionado en la trans-pantanera, trayendo noticias espeluznantes.
Santiago Carbonell, expedicionario en la punta del trayecto terrestre
por esa carretera, se había abierto la ceja con un gato.
La camioneta encallada, y la sangre de Santiago manchando el barro
bermejo de escarlata. Muchos mosquitos, pero nunca vieron la carretera.
Santiago maldijo el gato mecánico y soportó los
puntos, pero todo bien.
Nuestro motorcito se lo adaptamos a una lancha de aluminio pequeña
y rápida, y salimos desde Corumbá, navegando como
nunca por el Río Paraguay. La embarcación era la
ideal para esquivar los islotes de tarulla que viajaban río
abajo, y daba la acelerante sensación de velocidad sobre
el agua. Nos dirigíamos hacia el Parque Nacional del Pantanal
Matogrosense que queda a 260 kilómetros río arriba
desde Corumbá.
El día de la salida, una gripa mal cuidada, me tenía
con fiebre, y aunque meterse en el Pantanal por una semana no
parecía lo más adecuado, los deseos de conocer este
ecosistema tan único en el mundo, daban pie para una decisión
como capitán. "Dale tu que yo estoy cansado",
le dije a Jairzinho, nuestro guía, tendiéndome de
bruces al sol recalcitrante, apabullado por escalofrío
y sed. Abría los ojos de vez en cuando y miraba a mi alrededor
sin comprender.
Fue la "subienda" del 74´ que desbordó
el cauce del Río Paraguay e inundó la extensa planicie.
Muchas de las mas grandes fazendas ganaderas quedaron reducidas
a ciénagas impenetrables salpicadas por islas de insuficiente
área para la ganadería. Hoy en día el río
Paraguay existe, no hay duda, sin embargo la expedición
fluvial por el Pantanal no fue solo por este río. Los innumerables
caños y lagunas que hasta en los mejores mapas sufren su
existencia anónima, son la estampa del ecosistema, y fueron
nuestras vías.
Anterior a 1974, el Pantanal ya era considerado un tesoro ecológico.
Por eso, después de la inundación, el gobierno brasilero
impidió canalizar el río en el paso critico, obra
que en ese entonces, aun era posible. Partiendo de la base que
la naturaleza tiene ciclos que se deben respetar, la opinión
de los ambientalistas urgía dejar las condiciones inalteradas.
El área del Mato Grosso podría convertirse en uno
de los lugares mas valiosos para la estabilidad de la flora y
fauna mundial.
Desde el pequeño bote que nos transportaba ágilmente,
no era tan fácil juzgar apreciaciones de envergadura mundial,
pero teniendo en cuenta todos los niveles de conflicto, uno concluye
que la polémica, aunque lejos de ser endémica, es
una “especie” que también convive en el Pantanal.
A los fazenderos se les debe otorgar la palabra al quejarse de
la ausencia del estado en un replanteamiento obligado a su modo
de subsistencia. Solo recientemente, los grandes hatos, se benefician
pagando menos impuestos si se vuelcan al eco-turismo como fuente
de ingreso.
El curso de nuestra navegación lo compartíamos con
enormes barcos cargueros que, como producto general, transportan
soya y sus derivados, que se cultivan en toda esta zona hasta
el Paraguay. La soya, un producto de moda entre las corrientes
de pensamiento moderno y "sostenible", por sus grandes
valores alimenticios y la gran versatilidad como sustituto en
proteínas a la carne, resulta un cultivo de graves consecuencias
para la región. El gran volumen de agua que necesita y
los químicos que requiere para su crecimiento competitivo,
han causado estragos. Y ni hablar de la selva, que cada año
pierde la batalla con los cultivos en crecimiento.
Llegamos al parque; ya habíamos concretado con José
Augusto, director general, que iríamos, pero no había
comunicación directa con Benjamín y Sebastián,
los guarda parques, padre e hijo, que viven allá. Como
prueba de nuestra identidad solo pudimos mostrarles un e-mail
arrugado, pero fue suficiente para que nos recibieran amablemente.
José Augusto llegaría unos días después.
Mientras tanto, nosotros tendríamos la oportunidad de explorar
y compartir con las personas directamente ligadas al Pantanal.
Para un "soyado" en medio del Pantanal, la invitación
a pensar sobre lo difícil que es estar consciente a todos
los niveles que se perciben es algo que se plantea. Ahora bien,
la percepción queda herida en el ego; o si se es valiente,
solo inyecta motivación. José Augusto, director
general del parque lo dijo así, "A la pregunta de
que si un vaso con 3⁄4 de agua está medio lleno o
medio vacío, yo respondo: Si me lo estoy tomando, está
medio vacío, pero si lo estoy llenando, está medio
lleno". Para Fernando Cano, Pedro Franco y yo, expedicionarios
encargados de navegar esta zona suramericana, y sobrevivientes
de las densas selvas tropicales, la idea de hacer un regreso progresivo
a lo que llamamos "civilización", nos llamaba
la atención. Sin embargo el Pantanal dio un efecto totalmente
inusitado. Si esperábamos un nicho blando y apaciguado,
encontramos un lugar implacable.
Hay más de seis millones de jacarés (caimanes) censados
en el área. Los capibaras (en Colombia conocidos como chigüiros),
se reproducen como buenos roedores que son, y todo esto estaba
ahí. Es decir, lo vimos, matamos los mosquitos y nos quedaron
ronchas.
Pero no fue ni la creciente del 74´, ni los millones de
caimanes --digo, mosquitos--, ni los pacú, jaú,
bagres, jaguares, capibaras que vimos, y tampoco los 40 delirantes
de fiebre, ni el 40 fuera de borda, y en ese caso, tampoco nosotros
tres, ni la distancia a casa, que estuvo ahí. Es mas bien
una confluencia universal que de cierta manera, representa todo.
Andrés Ospina
El Caminante del Viento
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