Msica
   Crónicas Expedicón
       El Río y los Sentidos
       Tudo Bem
       Cierto Punto de Vista
       Las Piedras
       Sentido Común
       Una Nueva Consigna
       El Pantanal
       Santos del San Nicolás
       El río, después de...
       Punto de Retorno
       ISLA CARLOS III...
   Caminante del Viento
   Bachiller


El río, después de todo, llega al mar.

Le llaman la Hidrovía del Paraguay - Paraná como si no fuera un río, sino más bien una obra de ingeniería. Bueno, tiene balizas y no dudo que las dragas desgarran del fondo todo el sedimento para transportarlo a otro sitio que los ingenieros estiman más conveniente; pero es un río y termina en el Oéano Atlántico.
Abordo de los remolcadores San Nicolás y San Ignacio se completan los últimos 1480 kilómetros desde Asunción, Paraguay, hasta el puerto oficial de desembarque. La Expedición Natibo, llega a Buenos Aires por río un dos de Abril y cumple con el itinerario inicial de la primera fase: unir a Sur América por sus ríos. Los expedicionarios se toman fotos en algun lugar con dirección postal de la ex-pampa, ex-delta de la Plata y secretamente subvaloran el Obelisco al compararlo con los monumentos vegetales que anónimamente custodian las riberas de ríos como el Madeira, el Negro, el Guaporé y el Casiquiare. De hecho, la Avenida 9 de Julio es una quebrada seca al lado de los susodichos.
Hablando francamente, los avisos de neón y las grandes avenidas son despampanantes, la calle Florida es pintoresca; definitivamente, cada rincón de esta ciudad ofrece un estímulo para el arte y las nuevas ideas. Mi rechazo al bombo citadino y los exhostos es, creo yo, tan natural como los organismos que me llevan a anhelar el monte y el mar.
El flash de la cámara fotográfica se le dispara involuntariamente a Fernando -- algo anda mal --, mientras tanto, la rotonda gira y los expedicionarios posamos, fingiendo una alegría que sin lugar a dudas existe. Las imágenes de los lugares recorridos empiezan a pasar frente a mi de manera clásica lineal, como una proyección un poco fuera de foco. Pasa el río Meta y los Llanos Orientales, luego el comienzo de la selva amazónica en el departamento del Vichada y toda el agua que vino de ahí en adelante hasta que el amazonas se difuminó en el Pantanal Matogrosense. En ese momento de la película hubo un retroceso inesperado al corazón de la selva y recordé a Manaos, una ciudad bastante grande en medio de la selva. Fer le pide al grupo que acomodemos las camionetas de manera diferente para que encuadren con Puerto Madero de fondo. Ese gesto me dispara en una tangente que actúa como un llamado a la humildad, "si la camara apunta al oeste, no ve lo que ocurre en el este", pienso, relacionándolo con la visión limitada de un simple recorrido. Sin embargo, me encarrilo nuevamente en mi soliloquio visual bajando por el río Paraguay, llegando al Chaco, dejando atrás a Brasil y después las tierras Guaraníes hasta llegar al Argentina.
Tres meses después de la salida en Puerto López, Meta llegábamos a Bs As. Después de haber recorrido el continente por río, llegábamos al delta del Paraná, Río de la Plata como salidos del curso de milagros. Los pasaportes tenían sellos de Colombia, Venezuela (al lado de una triste Visa para este país vecino), Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina. Ahora, el video beam me trae inelcutablemente a una megaciudad suramericana.
Ya entiendo porqué yo antes decia, "Sur América es un continente de contrastes"; a quien sea que se lo haya escuchado, tenía razón. Argentina, por ejemplo, estaba presente. Los campos de soya que habíamos visto entrando por el norte del país, parecían sostener una hermandad con los semáforos, Recoletas, Pueyrredones y Sarmientos de la capital; los resistentes, o sea los de Resistencia, y los comúnes y los Corrientes de las calles de la Boca, no sólo eran parte engranada de este país, sino de toda Sur América. Bueno, del mundo.
Todavía estaba haciendo calor en Buenos Aires y los carros giraban alrededor de nosotros; nosotros los que nos tomábamos fotos. Era el fin de un viaje sin posiblidades de terminar. Y es que llegar por tierra, o mejor dicho por río, y no en un avión, deja claro que una ciudad como Buenos Aires, por más cemento que tenga, ocupa un espacio geográfico sobre la superficie de este planeta. Todo lo que es nuestro continente es como es, y tal vez como debe ser. La sensación culminante es como la de un río, en el que ni su nacimiento en la montaña, ni la desembocadura al mar explican el verdadero principio y fin del mismo. Cuando un remo cala en su cauce, lo hace en la total extensión del agua.
Llegar a Buenos Aires no fue la panacea que esperaba, fue algo mejor, fue darme cuenta que los viajes no tienen principio ni fin y que, aunque las fronteras de Sur América las hemos aceptado como conceptos, no abarcan la realidad de un continente. En este mismo relato erro al dividir el trayecto en fragmentos sobre-simplificados (el Amazonas, los Llanos, el Chaco, etc...), y al colocar en grupos diferentes la naturaleza, y las obras del hombre. Es hora de cuestionar tantos conceptos impuestos.
Las fotos ya son digitales y no requieren revelado, la Expedición Natibo se prepara para su segunda fase, y el río, después de todo, llega al mar.
El viaje continúa.




Andrés Ospina

El Caminante del Viento